Dramaturgas españolas de fin de siglo

por Virtudes Serrano

Es tarea difícil deslindar los rasgos que distinguen a las autoras de los últimos veinticinco años porque la proximidad temporal oscurece las perspectivas. Sin embargo podemos trazar 'a vuela pluma' un esbozo del panorama de la literatura dramática de autoría femenina tomando como puntos de apoyo tres momentos: la década de los setenta con sus implicaciones políticas (final de la dictadura y comienzos de la democracia); la escritura en libertad y la vuelta a las formas del realismo de los años ochenta; y los años noventa con la revolución estética de signo 'neovanguardista' llevada a cabo por los más jóvenes.

La figura de Ana Diosdado es, sin duda, la que mejor representa a la mujer en el espacio público del teatro español del último franquismo desde que estrena, en 1970, Olvida los tambores. A partir de ese momento, el conjunto de su producción se puede clasificar en dos etapas: la primera hasta 1976, de la que es preciso destacar, Usted también podrá disfrutar de ella que, estrenada en 1973, presenta una interesante construcción espacio-temporal, y a dos personajes (Fany y Javier) densos, elaborados, dotados de profunda humanidad. Con Los comuneros (1974) realiza su incursión en el teatro de tema histórico con valor crítico e 'iluminador' del presente, tal y como venía proponiendo el magisterio de Antonio Buero Vallejo. ... Y de Cachemira chales (1976) es la primera pieza estrenada por la autora después de la muerte de Franco y constituye una parábola de la España de la transición. La segunda, desde 1986 hasta el momento actual, se inicia con Cuplé; en ella propone, en clave simbólica, la situación de los primeros años de la democracia.

Al iniciarse la década de los ochenta hace su aparición un numeroso grupo de autoras dramáticas. Algunas de las que componen este panorama ya habían comenzado años atrás la búsqueda del espacio donde poderse expresar. Es el caso de Carmen Resino, quien en 1969 publica su primer drama, El presidente. En 1974, obtiene el accésit del Premio Lope de Vega con Ulises no vuelve, original inversión del mito clásico en la que la autora desarrolla el tema de la inexorabilidad del destino y da un atrevido giro a las personalidades de los míticos Ulises y Penélope. Carmen Resino es una de las dramaturgas de más densa escritura de los últimos años, pero el no haber pasado habitualmente por los escenarios comerciales la ha mantenido oculta para el gran público. Aunque una buena parte de su producción es anterior a 1980, la autora empieza a dejar oír nítidamente su voz desde 1983. Su posición activa ante el aislamiento de que es objeto la dramaturgia femenina, la llevó a la presidencia de la Asociación de Dramaturgas que se constituye en 1986. A pesar de las dificuldades, ha seguido desde entonces escribiendo y publicando sus obras. A partir de los ochenta, sin dejar atrás los problemas de carácter general que siempre han constituido sus núcleos temáticos, desarrolla también el tema explícito de la posición de la mujer en una sociedad canónicamente organizada por hombres; bajo este signo escribe La nueva historia de la princesa y el dragón (1989), Los eróticos sueños de Isabel Tudor (1992) o la inédita De película. Otro problema que preocupa a la dramaturga y lo trata en diversas piezas es el de la situación y el futuro del teatro, de ello se ocupa en La recepción (Premio Ciudad de Alcorcón 1994).

También 1983 es el año en que se publica Un olor a ámbar, primera obra de Concha Romero, considerada como una de las autoras que más se ha enfrentado con el tema de la mujer en la sociedad actual; así mismo es, junto con Carmen Resino, una de las más asiduas cultivadoras del teatro de tema histórico. Un olor a ámbar tine como protagonista el cuerpo incorrupto de Santa Teresa. En Las bodas de una princesa, será Isabel de Castilla la que dé vida al personaje principal; ella y su hija Juana comparten la acción de Razón de estado o Juego de reinas; los dioses del Olimpo comparecerán en Así aman los dioses y la pareja compuesta por Robert Schumann y su mujer Clara Wieck protagoniza la acción en Abrázame, Rhin. No obstante, también aborda directamente el tema de la condición femenina en el mundo de ahora con obras como Un maldito beso, ingeniosísima comedia de estructura metateatral, y en los monólogos Allá él y ¿Tengo razón o no?.

En 1985 se estrena en Madrid, con cierto escándalo de crítica y público, La llamada de Lauren ..., de Paloma Pedrero. A partir de ese momento, la joven dramaturga inicia una imparable carrera, llena de diificuldades y obstáculos, para alcanzar el lugar que por derecho le corresponde. La nueva autora obtiene en 1987 el Premio Tirso de Molina por un drama duro y tierno a la vez, Invierno de luna alegre; un año antes había escrito Besos de lobo, que fue representada en E.E.U.U., traducida al inglés. En 1989 estrena, bajo el título de Noches de amor efímero, tres piececitas breves (Esta noche en el parque, La noche dividida y Solos esta noche); posteriormente, ha seguido componiendo 'noches' que va uniendo a las tres iniciales (De la noche al alba y La noche que ilumina han sido las siguientes). En 1996 estrena Locas de amar y en 1998, Una estrella. Su producción está caracterizada por poseer, como ha afirmado en otros lugares, un personalísimo estilo que surge de la amorosa mirada que la autora proyecta sobre los seres (víctimas de la sociedad deshumanizada y cruel en que vivimos) que la rodean, antes de poner sobre la escena sus conflictos o sus defectos.

Una autora de gran interés, a pesar de la sencillez de sus propuestas dramatúrgicas, es Pilar Pombo. Comienza su escritura dramática en 1988. con Una comedia de encargo, a la que siguen una serie de monólogos con nombre de mujer (Amalia, Remedios, Purificación, Isabel, Sonia) que son, a la vez que introspecciones en el alma femenina, radiografías de otros tantos sectores de la sociedad actual. En 1991 recibe el Premio I Certamen de Autores de Teatro de la Comunidad de Madrid, por No nos escribas más canciones. La obra está ubicada en un barrio popular madrileño y en la azotea de una casa de vecindad, donde las gentes se relacionan, hablan de sus problemas, que son los de su entorno, y toman decisiones que afectan a sus vidas. Aunque su conocimiento queda casi exclusivamente restringido al ámbito de los estudiosos, Pombo no ha perdido su impulso para la creación dramática; en los últimos años ha llevado a cabo un incansable labor, de la que sin duda es el máximo exponente una pieza inédita titulada En igualdad de condiciones, en la que se habla de condición femenina, de tolerancia y de amistad entre dos mujeres muy distintas, con el telón de fondo de la guerra civil española de 1936.

A partir de 1993 surge una promoción de autoras que se da a conocer, al igual que los autores de su misma edad, a través de los premios convocados por organismos oficiales o por asociaciones privadas que auspician la autoría joven. Como indicábamos al principio, el rasgo que distingue a esta promoción de la de los ochenta reside en la estética 'neovanguardista' con que elaboran las piezas tanto, en lo referente al lenguaje verbal como en los mecanismos de construcción del drama. La influencia del 'teatro de la crueldad', del nihilismo beckettiano, de la desorientación en las relaciones humanas a lo Pinter, se perciben en las obras de las autoras y autores más jóvenes. El de los años noventa es un panorama que se nos presenta cargado de nuevos nombres que son otras tantas promesas. Yolanda Pallín es una de las jóvenes autoras españolas que en el transcurso de los últimos años ha publicado y estrenado obras donde se perciben muchos de los caracteres de la nueva generación y que ha sido objeto del reconocimiento oficial de los jurados de los premios de autoría joven. En 1995 obtiene el Premio María Teresa León por Los restos de la noche y La mirada recibe el accésit del Marqués de Bradomín. La autora, como muchos de los últimos creadores utiliza una composición en escenas interdependientes enlazadas por elementos comunes (desamor, desencuentro, agresividad, frustración). En D.N.I. (1996) Yolanda Pallín sustituye elestilo entrecortado del diálogo de las anteriores piezas por el torrente discursivo de una mujer monologante que muestra su soledad, su hastío, sun incomunicación y la falta de conexión con el mundo que la rodea. Con Los motivos de Anselmo Fuentes, Premio Calderón de la Barca 1996, ha desarrollado una estructura dramatúrgica distinta; su argumento contiene una trama de traiciones y venganzas individuales, pero el caso particular deja percibir por sus resquicios la podredumbre social. Las autoras, en los noventa, proyectan su mirada fuera de sí mismas y de su condición de mujeres para hablar de su entorno, buena muestra de ello es Lista negra (estrenada en 1997), donde se ocupa de problemas muy concretos de la sociedad. Las cinco historias que componen el espectáculo tienen como elemento de unificación la violencia, protagonizada por jóvenes violentos, de ideología neofascista (en 1995, Paloma Padrero había escrito Cachorros de negro mirar - no se ha publicado y permanece inédita - con el mismo tema, aunque con distinto tratamiento estético). Con esta pieza, Yolanda Pallín da fe del propósito que expresaba poco después del estreno: "Quiero ser un espejo de lo que ocurre en la calle para que la gente tome postura".

A partir de las numerosas publicaciones teatrales del momento de la atención crítica que se va prestando a los más jóvenes, cada vez podemos conocer nombres nuevos con los que se completa el panorama de la actual dramaturgia y, dentro de ella, la feminina (para un panorama general del teatro español de los últimos años, es de utilidad el libro de María-José Ragué-Arias: El teatro de fin de milenio en España (de 1975 hasta hoy). Barcelona, Ariel, 1996, donde se da cuenta de casi todos los nobres existentes en la dramaturgia actual. Ragué es así mismo autora de varios textos dramáticos que toman como protagonista a la mujer decidida a conseguir el cambio de su destino; y en sus ensayos se ha ocupado de las dramaturgas actuales en repetidas ocasiones), entre las que podemos mencionar otras nuevas presencias: Lucía Sánchez es la ganadora en 1994 del Premio María Teresa León con Lugar común. En 1994 se publica Mal bajío, un testimonio escalofriante de la vida dentro de una cárcel de mujeres, escrito en colaboración por Paula Monmeneu, Victoria Nacario y Elena Cánovas. El mismo año, la colección Nuevo Teatro Español, edita un volumen que reúne obras de Itziar Pascual, Encarna de Heras, Sara Molina (también directora) y Liliana Costa. Elvira Lindo estrena en 1995 en el Teatro Alfil de Madrid, La ley de la selva; Julia García Verdugo publica en 1996 Por nosotras. Candyce Leonard y John P. Gabriele incluyen en su antología, Panorámica del teatro español actual, textos y entrevistas de Luïsa Cunillé, quien había ganado el premio Calderón de la Barca en 1991, con Rodeo; Itziar Pascual, accésit del Premio Bradomín 1997 con Las voces de Penélope, que ha estrenado y editado varios textos en los que se percibe una profunda dimensión lírica; y Margarita Sánchez, que obtuvo un accésit del Bradomín en 1989, con Búscame en Hono-Lulú.
En este amplio, que no completo, panorama, alguas autoras siguen por la senda del realismo; otras se han incorporado a las nuevas estéticas de mayor libertad poética, ruptura y abstracción; todas tienen en común el deseo de proyectar la imagen del mundo que les ha tocado vivir e incorporar su voz al conjunto de las que ya se escuchan en la dramaturgia española actual.

Home Mail